Hay muchas versiones de la Leyenda de las Cataratas del Iguazú… una de ellas es la de los indios Caingang, que ha sido la primera que he conocido, aún en la infancia.
El relato “Luna de verano”, que está en la I Antología de Escribe Romántica – Romance Paranormal, ha sido inspirado en esa leyenda. He tomado algunas libertades de creación para componer los personajes y adaptarlos a mi relato.
Os traigo esa leyenda para que aquellos que han leído el relato la conozcan, y aquellos que aún no tienen la Antología, están invitados a conocerla. Hay un link en la barra lateral.

El amor prohibido de Naipi y Tarobá
Los indios Caingang, que habitaban las orillas del Río Iguazú, creían que el mundo estaba gobernado por M’Boy – un dios que tenía la forma de una serpiente y era hijo de Tupá. Igobi, el jefe de la tribu, tenía una hija, Naipi, tan hermosa que las aguas de los ríos se detenían cuando la joven india se miraba en ellas. Debido a su belleza, se la consagraron a M’Boy, y ella pasó a vivir solamente para su culto.
Había, sin embargo, entre la gente Caingang, un joven guerrero llamado Tarobá, que se enamoró de Naipi. En el día de la fiesta de la consagración de la joven india, mientras que el chamán y los jefes bebían cauim (bebida hecha de maíz fermentado) y los guerreros bailaban, Tarobá se escapó con la bella Naipi en una canoa, siguiendo por el Río Iguazú, arrastrados por la corriente.
Al enterarse de la fuga de Naipi y Tarobá, M’Boy se puso furioso. Penetró en las entrañas de la tierra, retorciendo su cuerpo y produciendo una enorme grieta que formó las Cataratas.
Engullida por las aguas de esta inmensa cascada, la canoa y los fugitivos cayeron desde una gran altura y desaparecieron para siempre.
Naipi se transformó en una de las rocas centrales de las Cataratas, constantemente golpeada por las furiosas aguas. Tarobá fue convertido en una palma situada en el borde de un precipicio, inclinado sobre la garganta del río. Abajo de esta palma, está la entrada de la cueva desde la cual el monstruo vengativo vigila eternamente a las dos víctimas.